Sofá, un objeto de deseo





                  Sofá, un objeto de deseo


       En un concurso televisivo una joven dijo que quería el dinero que ganase para comprar un sofá.
     
       Me sorprendió y empecé a pensar en el mueble por el que parecía suspirar la joven.

       Echando la vista atrás recordé que en casa y en las casas de la gente corriente el sofá empezó a
     
       tomar entidad cuando la televisión se entronizó como el objeto indispensable; anteriormente el         
       sofá se utilizaba en las casas que disponían de un saloncito para recibir visitas y en las casas que

       disponiendo de suficiente espacio y medios económicos tenían un salón de estar.

        El sofá se convirtió entonces en un mueble que entraba en la planificación de la decoración del

        futuro hogar.

        Pero y ¿hoy? ¿qué le lleva a una joven a desear un sofá nuevo porque está cansada de ver

        siempre el mismo?

        La juventud utiliza el sofá para ver en posición horizontal las imágenes elegidas por ellos y ellas

        de manera individualizada y personal. El sofá es el envoltorio en el que se sumerge para vivir 

        sus sueños. Y el que ya está en casa no es el que cumple la función. Es necesario personalizarlo.   

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